La Guerra Fría fue un conflicto mediático y mediatizado. Los medios de comunicación sirvieron para representar y construir una historia polarizada en dos versiones. Y la televisión, que había llegado a los hogares, acercó además la situación política al espacio doméstico: sus líderes, sus discursos y sus despliegues militares eran parte de la cotidianeidad. Pero en la Europa de posguerra, había que dejar también espacio para el entretenimiento, y el cine se convirtió, por excelencia, en el escaparate ideal para el mundo libre.

El Berlín de los años ’60 era una de las ciudades más complejas del mundo. Sobre las ruinas que había dejado la Segunda Guerra, se trazaban nuevos mapas territoriales, políticos, culturales y simbólicos. Y nada de lo que se estaba reescribiendo debía asemejarse al pasado del nazismo. Estos nuevos referentes vinieron determinados por la máxima del “divide y vencerás”, de manera que Berlín Oriental y Berlín Occidental tuvieron que iniciar su camino por separado. En esta nueva conceptualización urbanística, se fueron definiendo una serie de símbolos de lo que era la Guerra Fría. Checkpoint Charlie fue, para el mundo occidental, uno de los más característicos.

Tras el cierre definitivo de la frontera la madrugada del 13 de agosto de 1961, se habilitaron once pasos fronterizos entre el Este y el Oeste. Checkpoint Charlie (tras el Alpha y el Bravo) era el tercero de ellos, y servía para cruzar entre Mitte y Kreuzberg (sector soviético y estadounidense respectivamente). Es el único paso que permaneció -y permanece- más grabado en la memoria colectiva no alemana, ya que era el que se utilizaba para diplomáticos, extranjeros o empleados militares, entre otros.

Square
Junio de 1963. J. F. Kennedy en Checkpoint Charlie.

Alimentado por el papel de la prensa y los medios de comunicación, Checkpoint Charlie se convirtió en una suerte de escenario político. Con el paso del tiempo, además, se le fueron adscribiendo una serie de valores desde la perspectiva occidental: al ser uno de los lugares en los que más se apreciaba la división, se convirtió en el último reducto de libertad antes de llegar a territorio comunista. La ciudad había quedado guillotinada en 1961 y este cruce de calles -Friedrichstrasse con Zimmerstrasse- era casi visita obligada por parte de líderes políticos de las potencias aliadas. Así J. F. Kennedy en 1963 o Ronald Reagan en 1982 visitaron Berlín Occidental y se asomaron en Checkpoint Charlie al otro lado del muro frente a curiosos periodistas y cámaras de televisión.

HISTORIA VISUAL DEL PASO FRONTERIZO

Con el paso de los años, se fue así acuñando en el mundo occidental una imagen asociada a la libertad y a la democracia en contraposición al mundo oriental. Checkpoint Charlie además representó a la perfección la fragilidad del conflicto y encarnaba la esencia de que existían dos mundos irreconciliables. Un planteamiento cultural a partir del “ellos” y el “nosotros”, de los “malos” y los “buenos”, una diferenciación basada en la oposición.

Tal enfrentamiento se materializó el 27 de octubre de 1961 con la confrontación de tanques que tuvo lugar en el paso fronterizo. Checkpoint Charlie, más que nunca, se convirtió en epicentro de un conflicto no declarado pero que podía estallar en cualquier momento. Durante 16 horas la prensa puso a disposición del mundo imágenes de uno de los momentos más delicados de la Guerra Fría.

enfrentamiento tanques, 1961ok
Octubre de 1961. Confrontación de tanques soviéticos y estadounidenses.

Con ello, se fue acuñando la imagen de Berlín como una ciudad hostil y peligrosa bajo la ocupación soviética. La construcción del muro no había hecho otra cosa que deteriorar la imagen de las políticas del comunismo, con lo cual, por oposición, mejoró la del capitalismo, especialmente para el mundo occidental. Ya no solamente Berlín era una ciudad dividida por un muro y caracterizada por el alambre de espino y los soldados armados, sino que además la prensa tuvo acceso a todo ello. La historia más característica de Berlín y que más define a la ciudad hoy ha sido registrada por la imagen de archivo, llegando al espacio doméstico y a la pantalla del televisor.

recuadro texto1

De la mano de la prensa, el cine y la cultura popular perpetuaron y exageraron esta imagen, en la que Checkpoint Charlie fue representado y buscado hasta la saciedad, como escenario histórico, metafórico y cinematográfico. Basándose en la realidad que se vivía en el Este, diferentes corrientes artísticas fueron creando y fortaleciendo un imaginario con tal cohesión que aún hoy persiste.

SU REPRESENTACIÓN EN EL CINE DE FICCIÓN Y LA MEMORIA COLECTIVA

Fue sobre todo el cine occidental el que encontró en Berlín un escenario idóneo para un tipo de producto perfectamente definido y estandarizado. Las películas sobre espionaje no se limitaron al contexto de Berlín durante los años del muro, sino que ya había una importante producción al respecto en otras cinematografías, uno de cuyo ejemplos más claros es el de El tercer hombre (Carol Reed, 1949), desarrollada en la Viena ocupada.

El cine de espionaje que surgió a partir del Berlín ocupado y en torno a él desde la perspectiva occidental, se fue definiendo con una serie de características propias cada vez más definitorias: espías estadounidenses o británicos enviados a llevar a cabo una misión secreta en el Este, Berlín Oriental representado como una ciudad gris y casi fantasma a partir de alambradas, torres de vigilancia y el muro, o la presencia casi ineludible de Checkpoint Charlie. De hecho, la construcción del muro en 1961 añadió un elemento de tensión a los desarrollos narrativos, y los héroes del mundo occidental se encontraban ahora con un obstáculo mayor. A pesar de que este recurrente planteamiento narrativo estuviese envuelto en una atmósfera amenazante de hostilidad y desconfianza, las misiones secretas de sus protagonistas se llevaban a cabo siempre de manera satisfactoria. Como elemento central de estas tramas, el héroe occidental en forma de agente secreto debía cruzar por Checkpoint Charlie, como una suerte de umbral a otro mundo, más turbio, difícil, e irónicamente, casi siempre nublado. Pero el peligro que implicaba cruzar “al otro lado” se veía recompensado al final del día, y más o menos envuelto de glamour, en forma de mujer-trofeo.

20200323_104213

Actores como Michael Caine, Paul Newman, Richard Burton o Roger Moore como James Bond son algunos de los nombres que han ido llenando las carteleras de un cierto cine que se empleó como herramienta propagandística. Esta tendencia a la producción de películas sobre espionaje encontró en esta nueva ciudad-prisión un escenario idóneo para mostrar la hegemonía cultural y política que el fin de la Segunda Guerra había conferido a Estados Unidos e Inglaterra como ganadores del conflicto. El Berlín representado en este tipo de cine quedó al margen de la vida cotidiana, ajena al espacio doméstico y lejos de la normalidad. Se prescindió de una historia profunda y orgánica y se recurrió repetidamente al planteamiento del héroe occidental viviendo una aventura en territorio enemigo.

Se fueron definiendo así una serie de “estampas de cine” en la necesidad de fotografiar a estos héroes occidentales junto a alguno de los símbolos de la Guerra Fría, como una constatación de su gesta en territorio ajeno. Tanto la simplificación que estas películas produjeron en la descripción de una serie de paisajes políticos, como la carga simbólica adscrita a estos personajes heroicos fueron moldeando la experiencia y la visión de un conflicto internacional que en realidad era mucho más grave y complejo. Aparte de Checkpoint Charlie como tal, gran parte de este cine exploró una vertiente de la Guerra Fría más basada en la aventura o la anécdota, perdiendo cierta perspectiva del problema político y social que implicaba en realidad que Berlín fuera una ciudad guillotinada.

Películas como El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965), Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966), Funeral en Berlín (Guy Hamilton, 1966), Octopussy (John Glen, 1983) o Agente doble en Berlín (Arthur Penn, 1985) son algunos de los ejemplos filmados en Checkpoint Charlie o en los que éste se tuvo que reconstruir, al menos en parte, a partir de decorados.

Como objetos de consumo masivo, y todo lo que giró en torno a ellas, estas películas tuvieron una potentísima capacidad de difusión y divulgación de imágenes que se fueron inmortalizando como iconos de la Guerra Fría. Se fue así construyendo la experiencia de muchos que no habían conocido Berlín durante esos años, pero “lo habían visto en las películas”. Y más allá de la capacidad de inmortalizar un lugar y un momento muy concretos, el cine permite además volver a él y recuperarlo, sobre todo cuando ese lugar ha desaparecido. Berlín es una de las ciudades que mejor encarna la idea del cambio constante que, de la mano del cine, nos ha permitido contemplar su evolución.

recuadro texto2

Así, la tradición de Berlín como una ciudad para el espionaje con sus consiguientes juegos de identidades no se limitó a los años de la Guerra Fría. Esta idea se perpetuó a través de la producción de películas y series que seguían una línea similar a aquélla, como The Bourne Supremacy (Paul Greengrass, 2004), Sin identidad (Jaume Collet-Serra, 2011), la quinta temporada de Homeland (Gideon Raff, 2015) o Berlin Station (Olen Steihhauer, 2016). En otro sentido, pero con un mayor trasfondo histórico, películas como La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmark, 2006) o El puente de los espías (Steven Spielberg, 2015) daban a conocer aspectos de la historia del espionaje más importantes para la ciudad. Como consecuencia de la creación y definición de este imaginario, el visitante ha buscado en Berlín un aspecto muy concreto de su historia, sobre todo desde la vertiente heroica y épica creada en torno al mito de Checkpoint Charlie.

CHECKPOINT CHARLIE HOY, ¿REFLEJO DE UN TURISMO SOSTENIBLE?

Tras la caída del muro, el paso fronterizo fue desmantelado y el puesto de vigilancia retirado en junio de 1990. Mientras Berlín se encaminaba hacia un proceso de “normalización” urbanística eliminando los restos de la frontera y reubicando su centro, la ciudad se fue adaptando a un mayor interés turístico. El entorno de Checkpoint Charlie fue uno de los lugares más alterados por la búsqueda de reductos que trajo el fin de la Guerra Fría y que habían quedado inmortalizados en el cine. Con el paso de los años, se fue adaptando el espacio urbano al servicio de esta imagen considerablemente parcial que la ficción -también literaria- había alimentado. Estas “estampas de cine” habían pasado a formar parte del imaginario del mundo occidental, convirtiéndose en un souvenir que en los últimos años ha querido atesorar un sector importante del mercado turístico. El antiguo paso fronterizo, sobre todo a partir de la década del 2000, se convirtió en el epítome de la transformación urbanística al servicio de una demanda considerablemente superficial.

La reconstrucción del puesto de vigilancia, así como del cartel que decía “Está usted abandonando el sector soviético”, fueron parte de una instalación llevada a cabo en los años ’90 tras el permiso concedido por la ciudad. A ella se añadieron un grupo de actores de figuración que, disfrazados de soldados fronterizos, cobraban 3 euros o 4 dólares por fotografiarse con turistas. Así, el significado del lugar fue evolucionando desvinculándose totalmente de su gravedad y relevancia históricas y cada vez más cerca del concepto de atracción turística: locales de comida rápida, souvenirs de mal gusto y, en esencia, un producto al servicio del “turismo Instagram” que transformó el epicentro de la Guerra Fría en un photocall.

TODAY-checkpoint-charlie-city-1128409 (Niki Nagy, Pexels.com)

El significado de este lugar hoy día ha sido el resultado de diferentes factores: tanto el turista que tenía esta idea de Checkpoint Charlie a través de la cultura popular, como la propia ciudad por ofrecer el servicio, así como por parte de algunos guías de Berlín por contribuir en su trabajo a este concepto de lugar artificial e irrespetuoso.

En nuestra entrevista a Laura Tejerina, de CineTurismo.es, conversamos acerca de cómo el turismo cinematográfico puede tener un efecto nefasto sobre los destinos. El daño puede venir provocado por el proceso mismo de producción y los efectos que trae la presencia del equipo de rodaje o la alteración y adaptación del espacio a las necesidades de la filmación. Pero en el caso de Berlín, y en concreto de Checkpoint Charlie, se trata de un daño provocado a posteriori y en dos niveles diferentes:

  • Por un lado, la evolución urbanística de una parte de Berlín que fue periferia de dos ciudades durante más de cuarenta años. Los espacios vacíos que dejó la frontera se han llenado de nuevas y modernas construcciones y negocios enfocados al mercado turístico e inmobiliario. Priorizando así esa demanda en detrimento de las necesidades de la ciudad y los berlineses: restaurantes de comida rápida, tiendas y puestos con souvenirs y otro tipo de atracciones turísticas que acercan el lugar más a la idea del parque temático que del lugar histórico.
  • Pero el mayor daño que se le ha hecho a ese lugar ha sido a través del significado conferido al espacio, aun cuando Berlín es una de las ciudades que más cuida y protege el significado histórico y urbanístico de muchos de sus símbolos. Checkpoint Charlie representa en gran medida la trivialización de una historia cuya herida sigue abierta y cuyos protagonistas siguen vivos.

Por todo ello, en este caso cabe hablar de un turismo no responsable o no sostenible, en cuanto que se ha dañado, sobre todo, su significado para el s. XX y se ha faltado al respeto, no sólo a los soldados que vigilaban el punto de control, sino a las víctimas de la Guerra Fría y, en esencia, a la verdad de la Historia. La herida de la división todavía es palpable en Berlín, no podría ni siquiera hablarse aún de cicatriz. Mientras tanto, Checkpoint Charlie ha pasado a ser uno de los espacios más reconocibles para el gran público, referente histórico y simbólico que ha portado consigo la evolución política y social de la ciudad. Sin embargo, su evolución urbanística se ha deteriorado en la última década considerablemente.

Durante varios años se había planteado la cuestión de por qué la ciudad permitía semejante “circo” en pleno corazón de Berlín. Pero el debate llegó a su fin, afortunadamente, hace unos meses: el pasado noviembre de 2019, la ciudad prohibió la presencia de los actores de figuración por tratarse de una trampa para el turista, lo cual no era el problema real. El problema más grave había sido la transformación de Checkpoint Charlie en todo menos en un espacio histórico tratado con respeto y con rigor.

* Agradecimientos a Carlota Ruiz Arranz por sus aportaciones a este texto.

* Imágenes: Wikimedia Commons y Celia Martínez García. La música del tráiler “The spy who came in from the cold” no se corresponde con la música original de la película. El vídeo se ha extraído de YouTube y como tal ha sido incluido por el valor descriptivo de las imágenes.

2 comentarios sobre “Checkpoint Charlie en el cine de ficción y sus repercusiones turísticas en Berlín

Responder a celiamgarcia Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s