Cuando se habla de los orígenes del cine, pensamos siempre en los hermanos Lumière en el Grand Café de París. Presentaron al mundo el cinematógrafo y aquella fue considerada la primera proyección pública de cine de la Historia. Se consideró que había nacido una nueva forma de arte. Lo que la historiografía del cine no siempre ha tenido en cuenta es que el 1 de noviembre, los hermanos Skladanowsky habían hecho lo propio en Berlín.

Todo empezó en el distrito berlinés de Pankow, cuando el cine no era cine pero estaba a punto de serlo; cuando la ilusión de la imagen en movimiento era más ilusión que nunca. Aquella combinación artística de teatro, sombras chinescas y fotografía estaba evolucionando a la vez de la mano de Edison, los hermanos Lumiére y los hermanos Skladanowsky. Y en la carrera por la proeza técnica, en plena fiebre industrial, se diseñó en Berlín un proyector que fue considerado “el gran invento de la modernidad”: el bioscop.

Eugen y Max Skladanowsky

Max y Emil Skladanowsky, inventores y fotógrafos, patentaron el bioscop el 1 de noviembre de 1895. Previamente a aquella patente se habían hecho varias proyecciones en la azotea de un edificio de Pankow que atrajeron la atención de dos empresarios berlineses: Dörn y Baron. Las pretensiones técnicas que el cine tenía en ese momento empezaron a dar paso a un interés comercial, y los hermanos Skladanowsky consiguieron un contrato para una serie de representaciones en el Café Wintergarten de Berlín. La primera de ellas para el 1 de noviembre.

En un rincón del escenario más pequeño del teatro Wintergarten, ubicado en el Hotel Central de la Friedrichstrasse, fueron proyectadas una serie de escenas en movimiento: danzas exóticas, acrobacias, escenas de lucha o un canguro boxeador, entre otras. El escenario del teatro, el ring de boxeo, el espectáculo de circo o el número musical se pusieron de la mano en un espectáculo sin precedentes para la historia del arte. El acompañamiento musical, habitual en las primeras proyecciones del cine mudo, se hizo con composiciones originales, algo no muy frecuente en un espectáculo que en un estado tan embrionario bebía de las fuentes de otras manifestaciones artísticas.

La proyección tuvo un éxito inmediato y tras el Wintergarten llegaron contratos en otras ciudades europeas como Londres y Amsterdam. La ilusión del movimiento en la gran pantalla parecía hacerse realidad y el mundo empezó a quedar fascinado con el cine. Fue el 28 de diciembre de ese mismo año, cuando los Lumière presentaron el cinematógrafo en el Grand Café de París con la llegada del tren a la estación y la salida de los trabajadores de la fábrica. Sus películas mostraban otra cosa, se acercaban más a lo que se llamó después “cine documental”, en cuanto que era una filmación de la realidad. Las películas de los Skladanowsky, sin embargo, respondían más a una escenografía previa, o a la filmación de algo que estaba ya ocurriendo en un escenario. Quizá por ese motivo se cree que su proyección, si bien exitosa, no resultó tan sumamente innovadora como la de los Lumière.

Fotomontaje en el Instituto Lumière de Lyon

La principal razón por la que el bioscop no trascendió como el proyector de lo que hoy llamamos “cine” era porque tenía aún una técnica relativamente rudimentaria. El bioscop, hoy día conservado en el Filmmuseum de Potsdam, tenía un sistema de arrastre de la película menos desarrollado que el de los Lumière y no permitía la proyección de fragmentos de más de un minuto. Los hermanos franceses contaban con la tecnología de Edison, que fue la que trascendió como el proyector oficial para la película cinematográfica. Así, los contratos que los Skladanowsky tenían en diferentes ciudades europeas se fueron cancelando tras la llegada del cinematógrafo a los teatros y cafés.

La película de Wim Wenders, Die Gebrüder Skladanoswky (1995), nos cuenta esta historia combinando ficción con documental, siendo Gertrud, la hija de Max Skladanowsky, la que explica la historia del nacimiento del cine a través de objetos originales. La producción se llevó a cabo en colaboración con la Hochschule für Fernsehen und Film München para celebrar los 100 años del nacimiento del que ha sido la manifestación artística del s. XX por excelencia.

En esta ocasión, lo que celebramos son los 125 años de la imagen en movimiento, el 125º aniversario del medio que cambió la forma de ver y aproximarse al mundo. Herzlichen Gluckwünsch!

* Imágenes: CC PDM 1.0, Creative Commons y Celia Martínez García

Un comentario sobre “El cine alemán cumple 125 años

  1. Qué precioso y emocionante artículo. Gracias a todos esos soñadores que nos han dejado algo tan maravilloso como el cine. Gracias, Celia Martínez García. Me ha encantado.

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