No ha habido otra época en la historia de Berlín comparable a la década de los ’20. La ciudad estaba sedienta de vida y de cambio. Era una metrópoli hedonista, irrespetuosa, atrevida y descarada. La sociedad de posguerra rompió tabúes y abrió caminos con los que aún hoy se identifica la capital alemana. Y fue una película la que se convirtió en la mejor representación de la esencia del cabaret berlinés de aquellos años: El ángel azul (Der blaue Engel, Josef von Sternberg, 1930). Hoy 1 de abril se cumplen 90 años de su estreno en Berlín.

A pesar de que es una de las películas con las que más directamente vinculamos a la actriz y cantante berlinesa Marlene Dietrich, ella no era todavía una estrella. Había trabajado mucho en teatro, escenarios de cabaret y en el cine mudo, pero se la conocía más en círculos locales. La película fue en realidad concebida para el protagonista masculino, Emil Jannings, estrella del cine mudo alemán que había pasado dos años en Estados Unidos e incluso ganado un Oscar de la Academia en 1928.

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Cartel promocional en Dinamarca

La productora responsable de la película fue la UFA, la más importante de la historia del cine alemán, y quiso que Jannings fuera la estrella de una película sonora. Tras adquirir los derechos de la novela de Heinrich Mann Professor Unrat (1905), se asignó el trabajo de dirección a Josef von Sternberg, el de escritura a Carl Zuckmayer, el de composición a Friedrich Holländer y el de interpretación musical a los Weintraub Syncopators. Finalmente fue contratado el resto del reparto: entre otros, Kurt Gerron, como mago y manager del cabaret “El ángel azul”, Marlene Dietrich como la bailarina Lola Lola y Hans Albers, en un papel secundario, como un joven pretendiente de ésta. El rodaje se llevó a cabo en los estudios de Neubabelsberg entre noviembre de 1929 y enero de 1930, y se convirtió en una de las primeras películas sonoras del cine alemán y en la producción más cara llevada a cabo por Erich Pommer.

EL ESPÍRITU BERLINÉS DE LOS AÑOS ’20

La acción de El ángel azul se desarrolla eminentemente en un cabaret berlinés del mismo nombre, y cuenta la historia de Immanuel Rath, profesor de una escuela masculina al que sus alumnos llaman Unrat (inmundicia en alemán). Unrat -interpretado por Emil Jannings-, que ha conocido el cabaret por sus alumnos, decide acercarse al local una noche y se acaba rindiendo a los encantos de una mujer mucho más joven que él: Lola Lola. A pesar de que al principio se niega a aceptar lo que allí se encuentra, no puede evitar verse envuelto y atraído por todo ello. Se pone así de manifiesto una fricción social que caracterizó el Berlín de la República de Weimar: un choque entre modernidad y tradición, una generación que representa la libertad y otra que se resiste a perder los valores de la Alemania más conservadora. La edad de sus protagonistas, su posición social, sus profesiones y su actitud sintetizan a la perfección el conflicto social del Berlín de los años ’20.

Con todo ello, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, había llegado una nueva Alemania, una nueva Constitución, un nueva mujer alemana y una nueva sociedad. La libertad de esta ingenua democracia se reflejó en todos los ámbitos de la cultura, y Berlín fue testigo de una explosión en el arte, el cine, la música y el teatro. El cabaret se convirtió en un perfecto escenario social de descaro y atrevimiento, una oportunidad para la burla, una excusa para la evasión.

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Universum Film AG (UFA), Paramount Pictures (Public Domain)

Una de las vertientes de esta nueva sociedad fue su frivolidad hacia ciertos aspectos y la subversión de parámetros culturales que parecían inamovibles. Este encorsetamiento social y moral, rígido y reaccionario, está perfectamente representado en la figura del profesor y el mundo que lo rodea. Pero se ve tentado y seducido por la laxitud y flexibilidad en las formas que caracterizaron la primera democracia de la historia del país. Finalmente, este ejemplo de rectitud y respetabilidad acaba ridiculizado y convertido, literalmente, en objeto de burla sobre el escenario.

EL ÁNGEL AZUL COMO PIONERA DEL CINE SONORO

Berlín fue durante los años ’20 el centro de mayor producción cinematográfica en Europa, y el desarrollo técnico del que disfrutó Estados Unidos durante los primeros 25 años de la historia del cine trascendió a las productoras alemanas. Especialmente la UFA y la Tobis miraban hacia Los Angeles en su intento de lanzar a estrellas nacionales a la órbita de Hollywood y lograr avances técnicos como la llegada del cine sonoro. Siguiendo los pasos de El cantor de jazz (The jazz singer, Al Johnson, 1927), Alemania produjo otras películas sonoras, como Ich küsse Ihre Hand, Madame! (Robert Land, 1928) o Melodie des Herzens (Hanns Schwarz, 1929), producida por Erich Pommer y estrenada en el cine UFA Palast am Zoo de Berlín el 16 de diciembre de 1929.

La producción de El ángel azul fue concebida por la UFA ese mismo año, no sólo como una película sonora, sino como una obra que debía conceder un importante protagonismo a las canciones y los números musicales. Se encargó la composición de canciones y música instrumental a Friedrich Holländer y se reprodujo un escenario de cabaret similar al del Tingel Tangel, cuya banda era también de la de los Weintraub Syncopators. Fue la primera película en la que Holländer y Dietrich coincidieron y ésta se convirtió casi en musa para el compositor. De esta colaboración destacan canciones como Von Kopf bis Füss auf Liebe eingestellt -canción que inmortalizó a Dietrich-, o Ich bin die fesche Lola, como la perfecta encarnación del espíritu burlón y descarado de la actriz y del personaje Lola Lola en la película.

Los planes de la UFA además quisieron superar la barrera del idioma, y El ángel azul se filmó tanto en alemán como en inglés. A pesar de que no hay líneas en el texto excesivamente largas, se puede apreciar una técnica sonora algo rudimentaria, así como un marcado acento alemán en la pronunciación del inglés de alguno de los protagonistas. El 1 de abril de 1930 se estrenó en Berlín, el 4 de julio en Londres y el 5 de diciembre en Nueva York. Tal y como afirmó la UFA a la prensa, El ángel azul se había convertido en la película sonora alemana con más éxito. Para Marlene Dietrich especialmente fue su forma de despegar y darse a conocer a nivel internacional.

ESTRENO MUNDIAL EN EL GLORIA-PALAST DE LA UFA

Su último día de rodaje había sido el 7 de enero de 1930, y el día 22, el último día en el estudio para el resto del equipo. Aún bajo la dirección de Josef von Sternberg, se llevó a cabo el trabajo de montaje y de sincronización sonora en ambos idiomas, así como la grabación y postproducción de las canciones. Tras pasar la aprobación por parte de la censura el 15 de marzo, se programó su estreno mundial para el 1 de abril en uno de los cines más representativos de la UFA en Berlín: Gloria-Palast, frente a la iglesia del Káiser Guillermo y junto a la estación de Zoologischer Garten.

Berlin, Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirche

En el entorno de esa plaza y de calles como la famosa Kurfürstendamm, se podía encontrar gran parte del ocio y de la vida nocturna de los berlineses. Cafés, teatros, locales de cabaret y cines poblaban un conjunto de calles caracterizadas por el glamour y la diversión. Fue el bombardeo del 23 de noviembre de 1943 el que destruyó todo el entorno de la iglesia, así como el cine Gloria-Palast. De igual manera que otros cines de la ciudad,  como el UFA Palast am Zoo o el Kammer Lichtspiele de Potsdamer Platz, éste pertenecía a la UFA, y sus ruinas se convirtieron en un símbolo de las ruinas culturales que dejó la guerra en Berlín.

Marlene Dietrich, sin embargo, ya se había marchado para entonces. Antes del estreno de El ángel azul, el 21 de enero, el director de la Paramount Pictures tuvo oportunidad de ver la versión en inglés. Y ofreció a la actriz un contrato con la Paramount para irse a Hollywood inmediatamente después a trabajar bajo la dirección de Joseph von Sternberg. Según ella, la UFA no la quería, en parte porque no se conocía bien su talento en territorio nacional. La misma noche del estreno, Dietrich tomó un tren en la estación de Zoologischer Garten hacia Bremen, donde embarcaría rumbo a Estados Unidos.

El ángel azul sin duda fue para Marlene Dietrich el salto a Hollywood y a una fama internacional a la que aspiraban muchas cabareteras de los bajos fondos del Berlín de posguerra. Marlene, que había nacido con el arranque del siglo, en un entorno de uniformes y disciplina, se hizo joven en el Berlín de los años ’20. Y, sin adelantarse a su tiempo, fue en realidad la perfecta encarnación de la frescura, atrevimiento y erotismo que trajo esa sociedad y que aún hoy tan atractiva resulta en la ciudad.

* Imágenes: Creative Commons / Public domain

Un comentario sobre ““El ángel azul” cumple 90 años. La esencia del cabaret berlinés llevada al cine

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